Aunque parezca que estamos solos, millones de personas nos preguntamos si las cosas pueden ser mejor, y algunos nos emperramos en que lo sean, incluso en "soledad política".

La violencia contra la mujer… los “machos” son responsables


El sábado 20 de octubre se celebró en Madrid, una manifestación “atípica”, organizada por hombres y llamando a otros hombres a movilizarse contra los asesinatos, la violencia y la discriminación a las mujeres. Hay otras manifestaciones previstas en otras ciudades, algunas ya se celebraron el domingo 21.

Había también mujeres claro, pero esta no era una manifestación del movimiento feminista sino de grupos de hombres que reconocen en el machismo y el patriarcado la fuente y el origen de estos asesinatos que gotean día a día ante la pasividad de la mayoría de la sociedad, como el nº 60 de este año de ayer mismo en Madrid.

Aunque existen cada vez mas recursos legales, penales etc contra esta clase de crímenes lo cierto es que el rechazo de los hombres es totalmente pasivo o silenciosamente cómplice.

Nos retiene que el rechazo a la violencia contra la mujer terminara por cuestionar las relaciones jerárquicas que hacen que ella, pese a sus intentos, siga dominada y explotada por su “media naranja”.

El patriarcado establece bajo el peso de la tradición cómo deben resolverse determinadas tareas necesarias para la vida, que careciendo de valor de cambio, se minusvaloran y desaparecen de cualquier anal económico y que sin embargo mantenemos férreamente asignadas a la mujer.

La cena en la mesa, la ropa limpia, los niños alimentados y cuidados a la puerta de la escuela, la compra hecha… , los ancianos y enfermos a su cuidado…, no hacen sino maximizar el tiempo y la posición del hombre para obtener una mejor valoración social, un mayor nivel cultural, mejores trabajos y una mejor posición ante su propia compañera.

Hace algunos años sectores del movimiento feminista radical reclamaban un salario para la mujer a cuenta de estos trabajos, exigiendo un valor de cambio que permitiera valorar el trabajo doméstico de la mujer.

Eso es técnicamente factible, y no dudo que economías de “bolsillo ancho” lo puedan asumir: servicio domestico, canguros, asistentes sociales, y hasta amores de pago. Pero no me parece que la solución esté en mercantilizarlas como un valor mas del mercado, sino eliminar la explotación y sojuzgación jerárquica que sufren.

Quienes creemos que hay que acabar con toda explotación no podemos seguir impasibles y dejar que las tradiciones y el peso de las costumbres nos conviertan cualquier día en un criminal mas o en el mejor de los casos sigamos siendo unos explotadores.

Está en nuestra mano contribuir a que esto cambie:

En nuestra vida privada con nuestra compañera e hijos; compartiendo con ellas, como si fueran nuestras, las tareas que históricamente les asignó el patriarcado, única forma de mantener una relación de convivencia y sentimental libre e igualitaria. Y enseñar a nuestros hijos a actuar también así.

En nuestra vida pública en el trabajo, con l@s amig@s no tolerando ninguna actitud discriminatoria hacia la mujer, ni en el lenguaje ni en las actitudes ni ante la violencia sexista.

En la búsqueda de soluciones contra la ideología dominante, contra los posos machistas tradicionales de nuestra cultura considerando que para acabar con toda explotación humana, en la rebelión por el cambio social, la liberación de la mujer y la erradicación del patriarcado son partes inseparables.

Si ya las mujeres hacen cuanto pueden para salir de la sumisión a la que las hemos sometido, es nuestra responsabilidad por haberlas sometido durante tantos siglos luchar con ellas y apoyarlas contra aquellos hombres, incluidos nosotros mismos, que no solo se resisten a la caducidad del patriarcado sino que enarbolan violentamente contra ellas su supuesto derecho jerárquico.

Si estas nuevas movilizaciones van por ese camino, enhorabuena y hagamos por la extensión de este movimiento de hombres contra la violencia patriarcal.

Octubre 22nd, 2007 por jivago ; Tags: , , , ,

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LOS HOMBRES TENEMOS QUE MOVILIZARNOS CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA QUE FOMENTA EL PATRIARCADO


La discriminación, el acoso y la violencia hacia las mujeres continúa siendo habitual. Cada semana dos mujeres son asesinadas por sus parejas o exparejas.

1.- Si existen leyes que declaran la igualdad entre hombres y mujeres ¿por qué, entonces, las discriminaciones no desaparecen? ¿Serán ‘actos individuales’ que ejercen unos pocos hombres -excepcionalmente violentos- incapaces de ‘modernizarse’ y adaptarse a la nueva sociedad paritaria? Las mujeres, sea en países ricos o pobres, experimentan a lo largo de sus vidas discriminaciones, abusos, acosos y diversas formas de violencia.

La OMS informa que el 40-50% de las mujeres sufren acoso sexual, que al menos un 5% de las mujeres sufren violaciones y abusos sexuales de sus parejas. Las mujeres continúan sufriendo el desempleo en mayor medida que los hombres y las discriminaciones laborales y salariales se perpetúan; como se perpetúa la imagen de la mujer ‘objeto sexual’ y a la par ‘cuidadora’ del hogar y de la familia.

Entre la realidad cotidiana y la propaganda oficial existe una contradicción, como acontece en otros aspectos de la realidad social. Se promulgó una ley Contra los Accidentes Laborales que no impide mil trabajadores fallecidos cada año; existe una Ley Contra el Racismo pero éste se incrementa; se aprueban Planes de Empleo Juvenil y éstos continúan sufriendo el paro y la precariedad, existe el derecho a una vivienda digna pero la especulación inmobiliaria lo anula.

2.- La occidental, como la mayoría de las sociedades existentes, ejerce una Cultura Patriarcal y en ella los hombres mantienen una Alianza para aprovecharse de la otra mitad de la población. Una desigualdad que domina todas las relaciones humanas y sociales. Una desigualdad que refuerza las otras desigualdades existentes en las sociedades: de propiedad, de riqueza, de alimentación, de tiempo libre… Desde la cuna nos adiestran para ejercer unos roles asignados por el Patriarcado y para perpetuarlos. Pero el hombre y la mujer no son un destino ni una elección: son una construcción jerárquica ‘inventada’ durante las primeras sociedades estatales y urbanas.

El industrialismo generó cambios en la familia ‘clásica’: el acceso de las mujeres al empleo incentivó su ‘autonomía’ y su ‘independencia’; superando su limitado papel de ‘productora’ de hijos y ‘cuidadora’ de la familia, encerrada en el ámbito doméstico-privado. El papel del hombre ‘sustentador exclusivo’ y ‘jefe familiar’ también se modificó.

La ‘revalorización’ de las mujeres implicó la ‘desvalorización’ del papel dominante de los hombres. Papel que igualmente se redujo cuando la crisis económica fomentó despidos masivos en las industrias dominadas por trabajadores masculinos: sus empleos seguros y suficientes como sustentadores económicos de la unidad familiar fueron cuestionados. Los cambios económico-sociales y la lucha de las mujeres (imponiendo derechos antes inexistentes) modificaron la familia clásica. La ‘conquista’ de derechos por las mujeres implicaron la ‘pérdida del dominio y de la exclusividad’ de derechos que detentaron y gozaron los hombres en nuestras sociedades. La mayoría de los hombres vivió la pérdida de sus ‘privilegios masculinos’ como una amenaza; añadida a la que provenía de los cambios económico-sociales que los ajustes estructurales neoliberales iban imponiendo.

3.- En nuestras sociedades, hoy la mayoría de los hombres se dicen partidarios de la igualdad. Socialmente está ‘mal visto’ que un hombre apoye la discriminación y la violencia contra las mujeres. Y esto es un éxito ‘cultural’ de décadas de movilizaciones feministas. Pero los éxitos en la conciencia social, como todos, son relativos. También hoy la mayoría de la población apoya, por ejemplo, las ideas ecologistas, pero ello no evita que la gran mayoría siga defendiendo el modelo económico-social dominante. Similar es el comportamiento mayoritario de los hombres hacia las mujeres. Se aceptaría la igualdad… si ellas continúan con sus ‘funciones’: esto es, si a ‘sus’ tareas domésticas añaden las laborales (la doble jornada), si ‘sus’ tareas cuidadoras no son eliminadas por la igualdad, etc.. Es decir, los hombres en ningún caso deben perder sus privilegios. Como si fueran nuestros por ‘naturaleza’ y no consecuencia de unas determinadas relaciones sociales entre los sexos; unas relaciones que condenan a la mayoría (mujeres, niños-jóvenes, ancianos, disminuidos) para privilegiar a una minoría (los hombres adultos y sin minusvalías).

4.- Los privilegios de los hombres son consecuencia del actual sistema de dominación y opresión que fomenta el Patriarcado El modelo capitalista no es sólo un sistema de explotación económica. Las relaciones sociales capitalistas heredan otros sistemas de dominación que son necesarios para su existencia. El modo de producción basado en la explotación requiere otros sistemas e instituciones sin los cuales carecería de fuerza para imponerse y perpetuarse. No es casual que la explotación económica aparezca en la historia a la par que el Patriarcado, el Estado, la Religión, la Familia, la Prostitución, el Ejército y la Policía, el Racismo, etc.. Si bien el Modo de Producción Explotador ha ido variando con los siglos, los sistemas e instituciones con los que ejerce su dominación en lo esencial se mantienen. Y una de las claves es el Patriarcado. Por ello, las leyes que promulga la posmoderna ‘sociedad igualitaria’ nunca eliminan las bases del Patriarcado y los problemas reales de la violencia de género continúan presentes.

5.- Y continúa, no lo olvidemos, por la complicidad de la mayoría de los hombres; por nuestra pasividad ante la violencia que ejecutan nuestros congéneres hacia las mujeres. Si la mayoría de los hombres repudiaran activamente la violencia machista, el Patriarcado se podría abolir y ello ayudaría a abolir las otras desigualdades (económicas, sociales, culturales…) que éste refuerza. Las movilizaciones de las mujeres pueden conseguir importantes mejoras, pero por sí solas no acabarán con el machismo patriarcal. Hemos de luchar juntos, hombres y mujeres, buscando unas nuevas relaciones sociales y nuevas relaciones como seres humanos. Juntos podremos construirlas, superando la falsa dicotomía hombre-mujer. Ser hombre o mujer es una ‘creación’ (histórica) y no un ‘destino’ biológico.

6.- Un hombre que pretenda alternativas y transformaciones sociales no puede permanecer pasivo ante la violencia machista de sus congéneres, ante la lucha de las mujeres por la igualdad. El Patriarcado no es una institución anecdótica: es consustancial al sistema capitalista. No puede existir una sociedad igualitaria sin abolir el Patriarcado.

La globalización capitalista ofrece escasos empleos, pero el Patriarcado designa quienes tienen preferencia. La globalización destruye las prestaciones sociales y el Patriarcado designa que las mujeres, como ‘cuidadoras familiares’, las cubran gratuitamente.

La desigualdad social también margina a la mayoría de los hombres, pero el Patriarcado a éstos les ofrece privilegios que obtienen del trabajo gratuito de las mujeres. Y así se consigue la complicidad de la mayoría de los hombres para la perpetuación del Patriarcado. Un importante dirigente del movimiento socialista internacional, K. Kautski, lo expresó muy claro: las mujeres no pueden servir a dos amos (al empresario y a sus maridos), por lo que debían salir de las empresas y recluirse en sus gratuitas tareas domésticas. Aunque explotados, el Sistema Capitalista ofrecía a los hombres disponer del servicio doméstico gratuito extraído a las mujeres. Este privilegio patriarcal ayudó a mantener la Dominación capitalista.

La desigualdad económica se alimenta de otras discriminaciones: por el género, por la etnia, por la cultura y la religión, por la inclinación sexual, por la edad, etc.. Nunca habrá igualdad real para unos si no existe para todos los seres humanos.

7.- Que los hombres empecemos a movilizarnos contra la violencia machista es un deber moral y político. El silencio y la pasividad nos hace cómplices. Movilizarnos contra todas las formas de opresión y discriminación. Y el Patriarcado nos privilegia como ‘explotados de primera’, pero explotados a fin de cuentas.

Capitalismo y Patriarcado van de la mano. Esto es lo que pretenden ocultar las hermosas leyes parlamentarias. Mantener a los hombres ‘inconscientemente’ apoyando el Sistema Patriarcal refuerza el Sistema Capitalista y su explotación.

8.- Los hombres inconscientemente reproducimos la desigualdad en nuestra relación con las mujeres. Hemos sido educados para ejercer el rol masculino, como las mujeres reproducen el rol femenino. Todos los hábitos sociales ayudan a reproducir lo ‘existente y dominante’. Pero hay que decir basta. Hay que romper la tradición... comenzando por nuestras relaciones humanas más cercanas, por nuestro entorno. Nos tenemos que construir como seres humanos, seamos hombres o mujeres. Es más sencillo ‘imitar’ que construir algo nuevo, pues ¿qué modelo de personas y relaciones humanas sería más adecuado?

La realidad nunca resulta ‘evidente’; se requiere ‘descubrirla’ con ayuda de la experiencia y la reflexión. Y la primera reflexión comienza por nosotros mismos y nuestros comportamientos ‘masculinos’ que inconscientemente reproducimos. No existirá cambio alguno si no comenzamos cambiando nosotros. No es sencillo, pero sí necesario.

9.- A cambio de privilegios, el Patriarcado ‘obliga’ a los hombres a renunciar y a ocultar sus sentimientos, su fragilidad, su ternura, etc. El Patriarcado exige machos duros, violentos, seguros de sí y dominantes, competitivos. Aunque la mujer sufre una doble (o triple) castración, a los hombres el Patriarcado también nos castra. Nos impide desarrollarnos como personas que disfruten y gocen en igualdad de otros seres humanos.

Descubrir implica descubrirnos. Si queremos transformar la sociedad hemos de comenzar por transformarnos a nosotros y a nuestro entorno. La lucha de las mujeres por la igualdad moralmente nos obliga.

Grupos de hombres se han animado y llevan años fomentando debates y acciones que construyan ‘otra masculinidad’ no antagónica a la feminidad de las mujeres. Participar en la denuncia del Patriarcado y sus expresiones discriminatorios y violentas nos hará más libres a las mujeres y a los hombres. Nos hará más humanos.

10.- En las diferentes zonas y ciudades de nuestro país, existen miles de hombres que defienden la igualdad de género, que repudian la violencia machista. A los hombres que se están movilizando, organizando y reflexionando para descubrir-construir nuevas masculinidades no dominantes, les propongo que se fije un día en el que salgamos todos a las plazas de nuestros pueblos y de nuestras ciudades a gritar bien alto: Hay hombres que condenamos la violencia machista, hay hombres que defendemos la igualdad y condenamos el Patriarcado discriminador.

No es una propuesta novedosa ni original. Cierto. Pero se podría fijar un día en el que todos los hombres del Estado español saliéramos unitariamente a la calle. Seguro que seríamos miles.

A todos aquellos interesados o que dispongan de sugerencias mejores para organizar una manifestación de hombres contra la violencia machista y contra el patriarcado, ya sean ideas individuales o de asociaciones, contactar con

gusacevedo@telefonica.net

Julio 10th, 2007 por gus ; Tags: , , , ,

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CONSTRUIR IDENTIDADES : CONSTRUIR ANTICAPITALISMO


Vivir regularmente separados……..Ellas sólo perderán sus costumbres, y nosotros nuestras costumbres y nuestra constitución………Las mujeres nos convertirán en mujeres

(J. J. Rousseau)

UN COMENTARIO

Las palabras que siguen son un intento desmañado de aportar ideas para el inicio de un debate al que se deberían incorporar:

  • los elementos que articularan políticas de deseo y de construcción de una, no se como mejor llamarla, “contracultura”de “hombres concienciados”

  • junto con prácticas políticas de lucha contra las distintas femenizaciones de lo “chungo” (de la pobreza, de la enfermedad, de la precariedad, etc., etc.)

Elementos y prácticas de un proyecto de hombres que luchan por liberarse de la determinación que el rol masculino nos impone en la actual sociedad capitalista. Proyecto que no termina en un momento dado, sino que, en un incesante y diario acto de reconstrucción e interpretación realizados en nuestros distintos ámbitos de relación (lo privado y lo político), nos harán ir deviniendo de otra manera en la lucha por una sociedad más justa.

Fitz.

LO IMPORTANTE NO ES LO QUE HAN HECHO DENOSOTROS , SINO LO QUE NOSOTROS MISMOS HACEMOS DE LO QUE HAN HECHO DE NOSOTROS. (J. P. Sartre)

 

Toda determinación es negación .(B. Spinoza)

 

CONSTRUIR IDENTIDADES : CONSTRUIR ANTICAPITALISMO

 

El hombre viril encarna la actividad. Pero en realidad, dicha actividad no es más que una reacción contra la pasividad y la impotencia del recién nacido. El monopolio de la actividad que detentan los machos no responde a una necesidad social. La interiorización de las normas de la masculinidad exige un plús de represión de los deseos pasivos, especialmente el de ser cuidado por una madre.

Tal es el origen de una identidad masculina, más negativa que positiva, que pone el acento en la diferenciación, en la distancia que establece respecto a los demás y en la carencia de una relación afectiva. Así, mientras que los procesos de identificación femenina son relacionales, los de la masculina son oposicionales. El comportamiento que las sociedades definen como convenientemente masculino está elaborado, en realidad, con maniobras defensivas: temor a las mujeres, temor a mostrar cualquier tipo de feminidad, incluidas las que se esconden bajo la ternura, la pasividad o el cuidado a terceros, y, claro está, el temor a ser deseado por otro hombre. De todos estos temores, R. Stoller deduce las actitudes del hombre ordinario: “Ser rudo, ruidoso, beligerante; maltratar a las mujeres y convertirlas en objeto de fetichismo; buscar sólo la amistad entre los hombres al mismo tiempo que se detesta a los homosexuales; ser grosero, denigrar las ocupaciones femeninas”. La primera obligación de un hombre es la de no ser una mujer. (Elisabeth B. )

Lejos estamos, aparentemente, de la discriminación de la mujeres. En la sociedad del SXXI no se les niegan los derechos políticos como si lo hizo la Convención francesa de 1789 ni se las compara con “el animal o el negro” (se mueven a partir de los instintos mas primitivos: celos vanidad y crueldad ) como algunos lo hacían en el S XIX. Las manifestaciones más extremas del sexismo contemporáneo son las víctimas de la violencia machista que lo políticamente correcto rechaza; sin embargo el nuevo paradigma de mujer que nos cuestiona a los hombres (en general y a los que asistimos a debates de este tipo en particular) en nuestro rol de poder y la multitud de discriminaciones ( laborales, políticas, sexuales, de función cuidadora, etc., etc., etc., ) hacen del movimiento de las mujeres un revulsivo civilizador al que los hombres no podemos dar la espalda.

Si la masculinidad se aprende en multitud de mensajes que impregnan la sociedad-momento histórico actual (en la familia, escuela, medios de comunicación, grupos de pares, etc. ); ser conscientes de tal construcción nos hace, a los hombres que de raíz queremos transformar la sociedad de explotación y de alineación, empezar a cuestionar nuestro papel alienado y de poder como individuos que con capacidad de aprender y de reflexionar sobre lo socialmente construido del papel “superior” del rol masculino, para cambiarlo, damos pasos en nuestra cotidianidad y reconocemos, a su vez, la construcción del rol femenino para las mujeres como proyecto heterónomo del Patriarcado. La construcción de individuos que propongo, de forma claramente difusa, es una mixtura de elementos y prácticas arriba señalados, contraria a las naturalezas esencialistas que basadas en lo biológico hacen de un hombre o una mujer seres determinados per se, inmutables; la meta de personas libres ( todo un proyecto en el tiempo, con sus avances y retrocesos ) sólo se puede alcanzar a través de la propia práctica de seres que se mueven a sí mismos y por sí mismos crean y rechazan, esto es luchan.

….desde Galileo, las ciencias naturales han logrado una autonomía y un prestigio abundantemente merecido porque nos han dicho como funcionan las cosas, y no, como Aristóteles aspiraba a hacer, cuál es su naturaleza intrínseca (R Rorty )

INDIVIDUO Y SOCIEDAD (REFLEXIÓNY PRÁCTICA )

En nuestra época, tras la devaluación de las opiniones locales, una de las autoridades capaz de dotar de un poder reconfortante a los juicios que se pronuncian, es según Z. Bauman la autoridad del número (cuanto mayor sea el numero menos probable es que se equivoque ): las elecciones pierden mucho de su idiosincrasia y ya no aparecen azarosas. Sin embargo, habría que ponerse en la piel de las primeras sufragistas de principio del S XX cuando en la defensa de sus derechos eran tachadas de histéricas por la mayoría .

La forja de una identidad masculina con una visión crítica y alternativa a la sociedad actual requiere una práctica que se nutra de una reflexión individual en la que no nos sean influenciadas nuestras posiciones por cuestión de mayorías : Gorgias afeaba a Sócrates sus propuestas por ser minoritarias, este le respondía que en el dialogo que mantiene el individuo consigo mismo cuando se produce reflexión uno no se pregunta lo que opina la mayoría sino “¿que opinas tú , a quien pregunto?”. Esto es, cuantos hombres tienen reparos en tender una colada en publico, cuantos en manifestar cariño y temer por su pública identidad hetero.

Cuantos han roto en la practica con la sexualidad genital del falo erecto muestra palpable del poder del macho poderoso.

Cuantos de nosotros asumimos las labores del hogar equitativamente y no como una “ayuda” en la doble jornada de la sufrida compañera.

Todos somos en primer término fragmentos ambulantes de la institución de nuestra sociedad….” ( Castoriadis ).

Avanzar en la construcción de personas que contengan en su práctica y discurso un rol indeterminado ( hombre o mujer ) de luchas y valores solidarios y cooperativos es crear anticapitalismo, este se nutre de la violencia del “todos contra todos “: de la violenta respuesta angustiada por el miedo que los hombres dan (¿damos? ), hasta ahora, a la exigencia de las mujeres de igualdad. No ser fragmentos ambulantes y atomizados de la sociedad de mercado hace que nos enfrentemos (la mofa hacia los “raritos”, para empezar ) a mil y un obstáculos y retrocesos. Si tenemos claro lo castrante del rol que a los hombres se nos ha impuesto socialmente y de lo mucho que tenemos que ganar en tal construcción adoptaremos el sentido de la alegría y firmeza de las mujeres que eran tachadas de locas porque al empezar a romper la determinación social de su época exigían el derecho al voto, y de eso hace muchos, muchos años……..

 

Fitz

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Noviembre 30th, 2006 por jivago ; Tags: , , , ,

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El silencio ante el machismo patriarcal nos hace cómplices


El 21 de octubre se realizó en Sevilla una manifestación con el lema ‘Hombres contra la violencia machista’, convocada por el Foro de Hombres por la igualdad (FHI). Aunque la participación fuera escasa y tuviera un carácter institucional, mostró un incipiente movimiento social: la organización y movilización de hombres contra la violencia machista que discrimina, acosa y asesina a mujeres.

Existen leyes que declaran la igualdad entre hombres y mujeres ¿por qué, entonces, las discriminaciones no desaparecen? ¿Serán ‘actos individuales’ que ejercen unos pocos hombres excepcionalmente violentos e incapaces de ‘modernizarse’ y adaptarse a la nueva sociedad paritaria? La mayoría de las mujeres experimentan a lo largo de sus vidas discriminaciones, abusos, acosos y diversas formas de violencia. Incluso en los países ricos. La OMS informa que el 40-50% de las mujeres sufren acoso sexual, que al menos un 5% de las mujeres sufre violaciones y abusos sexuales de sus parejas. Las mujeres continúan sufriendo el desempleo en mayor medida que los hombres y las discriminaciones laborales y salariales se perpetúan; como se perpetúa la imagen de la mujer ‘objeto sexual’ y a la par ‘cuidadora’ del hogar y de la familia.

Entre la realidad cotidiana y la propaganda oficial existe una contradicción, como acontece en otros aspectos de la realidad social. Hace una década se promulgó una ley Contra los Accidentes Laborales y éstos siguen aumentando; existe una Ley Contra el Racismo y éste se incrementa; se aprueban Planes de Empleo Juvenil y éstos continúan sufriendo el paro y la precariedad.

La occidental, como la mayoría de las sociedades existentes, ejerce una Cultura Patriarcal y en ella los hombres mantienen una Alianza para aprovecharse de la otra mitad de la población. Una desigualdad que domina todas las relaciones humanas y sociales. Desde la cuna nos adiestran para ejercer unos roles asignados por el Patriarcado y para perpetuarlo. Pero el hombre y la mujer no son un destino ni una elección: son una construcción jerárquica ‘inventada’ durante las primeras sociedades estatales y urbanas. Una desigualdad que refuerza las otras desigualdades existentes en las sociedades: de propiedad, de alimentación, de tiempo libre…

El industrialismo generó cambios en la familia ‘clásica’: el acceso de las mujeres al empleo incentivó su ‘autonomía’ y su ‘independencia’; superando su limitado papel de ‘productora’ de hijos y ‘cuidadora’ de la familia, encerrada en el ámbito doméstico. El papel del hombre ‘sustentador exclusivo’ y ‘cabeza familiar’ también se modificó. La ‘revalorización’ de las mujeres implicó la ‘desvalorización’ del papel dominante de los hombres. Papel que igualmente se redujo cuando la crisis económica fomentó despidos masivos en las industrias dominadas por trabajadores masculinos: sus empleos seguros y suficientes como sustentadores económicos de la unidad familiar fueron cuestionados. Los cambios económico-sociales y la lucha de las mujeres (imponiendo derechos antes inexistentes) modificaron la familia clásica. La ‘conquista’ de derechos por las mujeres implicaron la ‘pérdida del dominio y de la exclusividad’ de derechos que detentaron y gozaron los hombres en nuestras sociedades. La mayoría de los hombres vivió la pérdida de sus ‘privilegios masculinos’ como una amenaza; añadida a la que provenía de los cambios económico-sociales que los ajustes estructurales globalizadores iban imponiendo.

En nuestras sociedades, hoy la mayoría de los hombres se dicen partidarios de la igualdad. Socialmente está ‘mal visto’ que un hombre apoye la discriminación y la violencia contra las mujeres. Y esto es un éxito ‘cultural’ de décadas de movilizaciones feministas. Pero los éxitos en la conciencia social, como todos, son relativos. También hoy la mayoría de la población apoya, por ejemplo, las ideas ecologistas, pero ello no evita que la gran mayoría siga defendiendo el modelo económico-social dominante. Similar es el comportamiento mayoritario de los hombres hacia las mujeres. Se aceptaría la igualdad… si ellas continúan con sus ‘funciones’: esto es, si a ‘sus’ tareas domésticas añaden las laborales (la doble jornada), si ‘sus’ tareas cuidadoras no son eliminadas por la igualdad, etc.. Es decir, los hombres en ningún caso deben perder sus privilegios. Como si fueran nuestros por ‘naturaleza’ y no consecuencia de unas determinadas relaciones sociales entre los sexos; unas relaciones que condenan a la mayoría (mujeres, niños-jóvenes, ancianos, disminuidos) para privilegiar a una minoría (los hombres adultos y sin minusvalías).

Los privilegios de los hombres son consecuencia del actual sistema de dominación y opresión que fomenta el Patriarcado El modelo capitalista no es sólo un sistema de explotación económica. Las relaciones sociales capitalistas heredan otros sistemas de dominación que son necesarios para su existencia. El modo de producción basado en la explotación requiere otros sistemas e instituciones sin los cuales carecería de fuerza para su perpetuación. No es casual que la explotación económica aparezca en la historia a la par que el Patriarcado, el Estado, la Religión, la Familia, la Prostitución, el Ejército y la Policía, el Racismo, etc.. Si bien el Modo de Producción Explotador ha ido variando con los siglos (feudalismo, capitalismo…), los sistemas e instituciones con los que ejerce su dominación en lo esencial se mantienen. Y una de las claves es el Patriarcado. Por ello, las leyes que promulga la posmoderna ‘sociedad igualitaria’ nunca eliminan las bases del Patriarcado. Por eso, los problemas reales de la violencia de género continúan.

Y continúa, no lo olvidemos, por la complicidad de la mayoría de los hombres; por nuestra pasividad ante la violencia que ejecutan nuestros congéneres hacia las mujeres. Si la mayoría de los hombres cambiaran de actitud y repudiaran activamente la violencia machista, el Patriarcado se podría abolir y ello ayudaría a abolir las otras desigualdades (económicas, sociales, culturales…) que éste refuerza. Las movilizaciones de las mujeres pueden conseguir importantes mejoras, pero por sí solas no acabarán con el machismo patriarcal. Hemos de luchar juntos, hombres y mujeres, buscando unas nuevas relaciones sociales y nuevas relaciones entre los seres humanos. Juntos podremos construirlas, superando la falsa dicotomía hombre-mujer. Ser hombre o mujer es una ‘creación’ (histórica) y no un ‘destino’ biológico.

Un hombre que pretenda alternativas y transformaciones sociales no puede permanecer pasivo ante la violencia machista de sus congéneres, ante la lucha de las mujeres por la igualdad. El Patriarcado no es una institución anecdótica: es consustancial al sistema capitalista. No puede existir una sociedad igualitaria sin abolir el Patriarcado.

La globalización capitalista ofrece escasos empleos, pero el Patriarcado designa quienes tienen preferencia. La globalización destruye las prestaciones sociales y el Patriarcado designa que las mujeres, como ‘cuidadoras familiares’, las cubran gratuitamente.

La desigualdad social también margina a la mayoría de los hombres, pero el Patriarcado a éstos les ofrece privilegios que obtienen del trabajo gratuito de las mujeres. Y así se consigue la complicidad de la mayoría de los hombres para la perpetuación del Patriarcado. Un importante dirigente del movimiento socialista internacional, K. Kautski, lo expresó muy claro: las mujeres no pueden servir a dos amos (al empresario y a sus maridos), por lo que debían salir de las empresas y recluirse en sus gratuitas tareas domésticas. Aunque explotados, el Sistema Capitalista ofrecía a los hombres disponer del servicio doméstico gratuito extraído a las mujeres. Este privilegio patriarcal ayudó a mantener la Dominación capitalista.

La desigualdad económica se alimenta de otras discriminaciones: por el género, por la etnia, por la cultura y la religión, por la inclinación sexual, por la edad, etc.. Nunca habrá igualdad real para unos si no existe para todos los seres humanos.

Que los hombres empecemos a movilizarnos contra la violencia machista es un deber moral. El silencio y la pasividad nos hace cómplices. Movilizarnos contra todas las formas de opresión y discriminación. Y el Patriarcado nos privilegia como ‘explotados de primera’, pero explotados a fin de cuentas. Capitalismo y Patriarcado van de la mano. Esto es lo que pretenden ocultar las hermosas leyes. Mantener a los hombres ‘inconscientemente’ apoyando el Sistema Patriarcal refuerza el Sistema Capitalista y su explotación.

Los hombres inconscientemente reproducimos la desigualdad en nuestra relación con las mujeres. Hemos sido adiestrados para ejercer el rol masculino, como las mujeres reproducen el rol femenino. Todos los hábitos sociales ayudan a reproducir lo ‘existente y dominante’. Pero hay que decir basta. Hay que romper la tradición… comenzando por nuestras relaciones humanas más cercanas de nuestro entorno. Nos tenemos que construir como seres humanos, seamos hombres o mujeres. Es más sencillo ‘imitar’ que construir algo nuevo, pues ¿qué modelo de personas y relaciones humanas sería más adecuado?

La realidad nunca resulta ‘evidente’; se requiere ‘descubrirla’ con ayuda de la experiencia y la reflexión. Y la primera reflexión comienza por nosotros mismos y nuestros comportamientos ‘masculinos’ que inconscientemente reproducimos. No existirá cambio alguno si no comenzamos cambiando nosotros. No es sencillo, pero sí necesario.

A cambio de privilegios, el Patriarcado ‘obliga’ a los hombres a renunciar y ocultar sus sentimientos, su ternura, su fragilidad, etc. El Patriarcado exige machos duros, violentos, seguros de sí y dominantes, competitivos. Aunque la mujer sufre una doble (o triple) castración, a los hombres el Patriarcado también nos castra. Nos impide desarrollarnos como personas que disfruten y gocen en igualdad de otros seres humanos.

Descubrir implica descubrirnos. Si queremos transformar la sociedad hemos de comenzar por transformarnos a nosotros y a nuestro entorno. Lo más fácil es dejarnos arrastrar por los hábitos patriarcales. La lucha de las mujeres por la igualdad moralmente nos obliga.

Grupos de hombres se han animado y llevan años fomentando debates y acciones que construyan ‘otra masculinidad’ no antagónica a la feminidad de las mujeres. Participar en la denuncia del Patriarcado y sus expresiones discriminatorios y violentas (las grandes y las pequeñas) nos hará más libres a las mujeres y a los hombres. Nos hará más humanos.

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Noviembre 20th, 2006 por gus ; Tags: , , , ,

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